El Cuerpo de Deseos

El Cuerpo de Deseos
Prometeo Encadenado

sábado, 6 de marzo de 2010

EL CUERPO DE DESEOS - PREFACIO





EL CUERPO DE DESEOS

LEMA Y MISIÓN ROSACRUZ:

UNA MENTE PURA

UN CORAZÓN NOBLE

UN CUERPO SANO

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP

P.O. Box 713

Ocenaside, CA 92049-0713 U.S.A.

P R E F A C I O

El hombre, Espíritu interno, dispone en su estado actual de desarrollo, de
cuatro vehículos a través de los cuales el actúa: el cuerpo denso, el cuerpo
vital, el cuerpo de deseos y la mente. Aunque esos cuerpos están
estrechamente relacionados y se afectan uno al otro, es provechoso para el
estudiante comprender bien sus funciones y posibilidades, estudiándolas
determinadamente por separado. A fin de facilitar este estudio el material
escrito dejado por Max Heindel respecto al cuerpo de deseos ha sido
compilado y publicado en un volumen.
El cuerpo de deseos del hombre es un vehículo de sentimientos, ansias,
anhelos y emociones. Es responsable de sus acciones y se complace en actuar
desatadamente. Cuando está desenfrenado obliga al cuerpo a hacer todas las
cosas innecesarias e indignas que son tan perjudiciales para el crecimiento
del alma. Sin embargo, este temperamento es sólo una gran amenaza cuando
domina al ser, pero reprimido y dirigido debidamente puede ser muy efectivo
para el servicio. De ahí que el temperamento del cuerpo de deseos debe ser
controlado, pero no sofocado.
Por lo tanto la escuela de Sabiduría Occidental subraya la necesidad de
transmutar los bajos deseos en altos anhelos, mediante el servicio cumplido
por devoción a elevados ideales. Esto engendra el alma emocional,
nutrimento substancial para el Espíritu en desarrollo.
***
del libro "El Cuerpo de Deseos", de Max Heindel

ÍNDICE



ÍNDICE


Prefacio
PARTE I

EL MUNDO DEL DESEO PLANETARIO

Capítulo I

Su relación con e mineral, la planta, el animal y el hombre
PARTE II

ORIGEN Y DESARROLLO DEL CUERPO DE DESEOS
DEL HOMBRE
Capítulo I

A través de los períodos septenarios
PARTE III

EL CUERPO DE DESEOS DEL HOMBRE
EN EL MUNDO FÍSICO

Capítulo I

De la infancia a la pubertad
Capítulo II

Su aspecto y sus funciones
Capítulo III

Efectos de las emociones sobre los contornos y los colores
Capítulo IV

La influencia del pensamiento

Capítulo V

Su relación con la conciencia
Capítulo VI

Durante el sueño

PARTE IV

EL CUERPO DE DESEOS DEL HOMBRE EN EL
MUNDO INVISIBLE

Capítulo I

Al morir

Capítulo II

Las causas de la mortalidad infantil

Capítulo III

El purgatorio
Capítulo IV

Espíritus apegados a la tierra y sus víctimas

Capítulo V

La región fronteriza
Capítulo VI

El primer cielo
Capítulo VII

El segundo cielo
Capítulo VIII

Hacia el Renacimiento

PARTE V

LA ESPIRITUALIZACIÓN DEL CUERPO DE DESEOS
DEL HOMBRE

Capítulo I

Seres superiores como factores
Capítulo II

No se puede confiar en el cuerpo de deseos
Capítulo III

Preparación para la vida superior
***
del libro "El Cuerpo de Deseos", de Max Heindel

Su relación con el mineral, la planta, el animal y el hombre


P A R T E I

EL MUNDO DEL DESEO PLANETARIO

Capítulo I


SU RELACIÓN CON EL MINERAL, LA PLANTA,
EL ANIMAL Y EL HOMBRE


En la doctrina Rosacruz, el universo se divide en siete mundos o estados de materia diferentes, a saber:


1. El Mundo de Dios. 2. El Mundo de los Espíritus Virginales. 3. El Mundo del Espíritu Divino. 4. El Mundo del Espíritu de Vida. 5. El Mundo del Pensamiento. 6.El Mundo del Deseo. 7.El Mundo Físico.


Esta división no es arbitraria sino necesaria, porque la substancia de cada uno de esos Mundos está sujeta a leyes que prácticamente no obran en los otros.
Por ejemplo: en el Mundo Físico, la materia está sujeta a la gravedad, contracción y dilatación. En el Mundo del Deseo no existe ni frío, ni calor y los cuerpos ascienden o descienden con toda facilidad. La distancia y el tiempo son también factores predominantes en el Mundo Físico, mientras que casi no existen en el Mundo del Deseo.
La materia de estos mundos varía además en densidad, siendo el Mundo Físico, el más denso de los siete.
Cada Mundo se subdivide en siete Regiones o subdivisiones de la materia que lo compone.
La materia de deseos del Mundo del Deseo persiste a través de las siete subdivisiones o regiones, como material para la incorporación del deseo. Así como la Región Química es el reino de la forma y así como la Región Etérica es el dominio de las fuerzas que producen las actividades de la vida y de las formas, permitiendo a éstas vivir, moverse y propagarse, así también las fuerzas del Mundo del Deseo, trabajando en el cuerpo denso vivificado, lo
impelen a moverse en tal o cual dirección.
Si existieran solamente las actividades de las Regiones Químicas y Etérica del Mundo Físico, habría formas vivientes, capaces de moverse, pero sin incentivo alguno para hacerlo. Este incentivo lo proporcionan las fuerzas cósmicas activas en el Mundo del Deseo y, sin esta actividad, que obra en todas las fibras del cuerpo vitalizado, impulsando a la acción en tal o cual dirección, no habría experiencia ni crecimiento moral. Las funciones de las diversas clases de éteres es impulsar el crecimiento de la forma, pero sólo evolucionan hacia grados superiores, respondiendo a las sucesivas exigencias del crecimiento espiritual. Vemos pues la gran importancia de esta región de la Naturaleza.
Deseos, anhelos, pasiones y sentimientos se expresan en la materia de las diferentes regiones del Mundo del Deseo, como las formas y los rasgos en la Región Química del Mundo Físico. Aquellos toman formas que duran más o menos tiempo, de acuerdo con la intensidad del deseo, anhelo o sentimiento que encierra. En el Mundo del Deseo, la distinción entre fuerza y materia no es tan definida y aparente como en el Mundo Físico. Casi se puede decir que en el primero las ideas de fuerza y materia son idénticos y cambiables. No es así en absoluto, pero podemos afirmar que en cierto grado, el Mundo del
Deseo se compone de fuerza-materia.
Cuando hablamos de la materia del Mundo del Deseo, si bien es cierto que es un grado menos densa, que la del Mundo Físico, no debemos imaginarnos absolutamente por eso, que esa materia sea materia física sutilizada.
Aunque la montaña y la margarita, el hombre, el caballo y un pedazo de hierro, estén compuestos de una substancia atómica última, no por eso queremos decir que la margarita sea una forma o clase de hierro más fina o sutil. Similarmente, es imposible explicar con palabras el cambio o diferencia que sufre, la materia física cuando se convierte en materia emotiva o de deseos. Si no hubieran diferencias, las leyes del Mundo Físico obrarían en aquella, lo que no sucede.
La ley que rige la materia de la Región Química, es la inercia, la tendencia a permanecer en statu quo. Se necesita cierta suma de energía para vencer esa inercia, para hacer que un cuerpo que está en reposo se mueva o, para detener a uno que esté en movimiento. No sucede así, sin embargo, con la materia que compone el Mundo del Deseo. Esa materia en si misma, es casi viviente y está en un movimiento incesante, fluídico, que puede adoptar todas las formas imaginables e inimaginables, con inconcebible facilidad y rapidez, brillando
al mismo tiempo con millares de cambiantes colores, no comparables a nada de lo que conocemos en nuestro estado de conciencia física. Las irradiaciones iridescentes y polícromas de una concha de nácar en movimiento, sobre la que cayera la luz del Sol, daría quizás una idea levísima de aquella.
El Mundo del Deseo es luz y color siempre cambiantes, en el que las fuerzas animales y humanas se entremezclan con las fuerzas de innumerables Jerarquías de seres espirituales, que no aparecen en nuestro Mundo Físico, pero que son tan activos en el Mundo del Deseo, como lo somos nosotros aquí.
La fuerzas emitidas por esta variada y vasta hueste de Seres, moldea la materia siempre cambiante del Mundo del Deseo en formas innumerables y diferentes de mayor o menor durabilidad, de acuerdo con la fuerza o impulso que les dio nacimiento.
Los tres Mundos de nuestro planeta (el Mundo del Pensamiento, el Mundo del Deseo y el Mundo Físico) son actualmente el campo donde se desarrolla la evolución para cierto número de reinos de vida, en varios grados de desarrollo. Únicamente cuatro de éstos nos interesan por el momento: el mineral, el vegetal, el animal y el humano.
Estos cuatro reinos están relacionados con los tres Mundos, de diferente manera, de acuerdo con el progreso que esos grupos de vidas evolucionantes han hecho en la escuela de la experiencia.
Para manifestar sentimiento y emoción, es necesario tener un vehículo compuesto por materiales del mundo del Deseo.
Es necesario tener un cuerpo vital, un cuerpo de deseos, etc., separados para expresar las cualidades correspondientes de cada región, porque los átomos del Mundo del Deseo, del Mundo del Pensamiento y aún de los mundos superiores interpenetran al mineral lo mismo que al cuerpo humano y si la interpenetración del éter planetario, que es el éter que envuelve los átomos del mineral, fuera suficiente para permitirle el sentimiento y la propagación, su interpenetración por el Mundo del Pensamiento, sería también suficiente para permitirle pensar, lo que no puede hacer porque carece de un vehículo separado. Está penetrado solamente por el éter planetario y, por lo tanto, es incapaz de crecimiento individual. Únicamente el éter más inferior de los cuatro, el químico, está activo en el mineral, siendo debidas a éste las fuerzas químicas en los minerales.
Habiendo notado las relaciones de los cuatro reinos, con la Región Etérica del Mundo Físico, estudiaremos ahora su relación con el Mundo del Deseo.
Aquí nos encontramos con que , tanto los minerales como las plantas, carecen de cuerpo de deseos separado. Están compenetrados únicamente por el cuerpo de deseos planetario, o sea el Mundo del Deseo. Careciendo de vehículos separados, son incapaces de sentir, de desear, de emocionarse, que son facultades que pertenecen al Mundo del Deseo. Cuando se rompe una piedra, ésta no siente; pero sería erróneo deducir que no hay sentimiento alguno, relacionado con tal acto. Esta es la teoría del materialista y la de la multitud incapaz de comprender. Pero el ocultista sabe que no hay acto alguno, grande o pequeño, que no sea sentido a través de todo el universo y si bien la piedra no puede sentir por carecer de un cuerpo de deseos individual, si lo siente el espíritu de la Tierra, porque es Su cuerpo de deseos el que compenetra la piedra. Cuando un hombre se corta un dedo, como éste no posee cuerpo de deseos separado, tampoco siente el dolor, pero si lo siente el hombre, porque es su cuerpo de deseos el que compenetra el dedo. Si se arranca de raíz una planta, el Espíritu de la Tierra siente lo mismo que si al hombre le arrancaran un cabello. La tierra es un cuerpo viviente y sensitivo y todas las formas que carecen de un cuerpo separado de deseos, por medio del cual pueda el Espíritu sentir, están incluidos en el cuerpo de deseos de la tierra y ese cuerpo siente. El romper una piedra o cortar una flor produce placer a la Tierra, mientras que arrancar una planta de raíz le produce dolor.
En la planta no hay cuerpo de deseos separado, de ahí que no siente pasión. Y dirige sus órganos de generación la flor, casta e inocentemente hacia el Sol, llena de belleza y de pureza.
En el hombre el cuerpo de deseos individual debe necesariamente producir la pasión y el deseo, salvo que esté subyugado por algún medio. Por lo tanto, el  hombre es la inversión de la casta planta, figurativa y literalmente, porque aquél es apasionado y dirige sus órganos creadores hacia la Tierra y se avergüenza de ellos. La planta absorbe el alimento por las raíces; el alimento del hombre entra a su cuerpo por la cabeza. El hombre inhala oxígeno vivificante y exhala el tóxico dióxido de carbono. Este lo absorbe la planta, la que extrae el veneno y devuelve el principio que ha de vitalizar al hombre.
El Mundo Planetario de Deseos vibra a través de los cuerpos denso y vital del animal y del hombre, de la misma manera que compenetra el mineral y la planta, pero además de esto el animal y el hombre poseen cuerpos de deseos separados, que los capacitan para tener deseos, emociones y pasiones. Existe una diferencia sin embargo. El cuerpo de deseos del animal, está formado enteramente por materia de las regiones más densas del Mundo del Deseo, mientras que aún en el caso de las razas humanas más bajas, tiene incorporado un poco de materia de las regiones superiores en la composición de su cuerpo de deseos. Los sentimientos de los animales y de las razas humanas primitivas, se refieren casi por completo a la gratificación de los deseos y pasiones más bajas que encuentran su expresión en la materia de las regiones inferiores del cuerpo de deseos.
El cuerpo de deseos está radicado en el hígado, así como el vital lo está en el bazo.
En todos los seres de sangre caliente, que son los más altamente desarrollados y que poseen sentimientos, pasiones y emociones, que se exteriorizan en el mundo, que realmente viven, en todo el sentido de la palabra, ya que no vegetan meramente, en tales seres las corrientes del cuerpo de deseos fluyen hacia el exterior por el hígado. La materia de deseos está continuamente fluyendo en corrientes que circulan a lo largo de líneas curvas hacia todos los puntos de la periferia del ovoide y entonces retornan al hígado, a través de cierto número de vórtices, de la misma manera que el agua hirviendo fluye continuamente hacia arriba para volver hacia abajo una vez completado su ciclo.
Las plantas carecen de este principio impulsivo y vigorizante y, por lo tanto, no pueden manifestar vida y movimiento en la forma en que lo hacen los organismos más desarrollados.
Donde hay vitalidad y movimiento, pero no sangre roja, no existe tampoco cuerpo de deseos separado. El ser se halla simplemente en la etapa de transición de la planta al animal y, por lo tanto, sólo se mueve bajo el impulso y gracias a la fuerza del Espíritu-Grupo.
En los animales de sangre fría que tienen hígado y sangre roja, existe un cuerpo de deseos separado y el Espíritu-Grupo dirige las corrientes hacia dentro, porque en su caso el espíritu separado (del pez o reptil individual, por ejemplo), está completamente fuera del vehículo denso.
Cuando el organismo ha evolucionado hasta tal punto que el espíritu separado puede empezar a entrar dentro de sus vehículos, entonces comienza el Espíritu individual a dirigir las corrientes hacia fuera, y vemos el principio de la existencia pasional y de la sangre caliente. La sangre roja y caliente del hígado, suficientemente evolucionada como para contener un Espíritu interno, es la que fortalece las corrientes que se lanzan hacia fuera, lo que es causa de que el hombre y el animal, manifiesten deseos y pasiones. En los animales, el espíritu no está aún completamente dentro de sus vehículos. Los mamíferos actuales, que han alcanzado en su estado animal la sangre roja y caliente son, por lo tanto, capaces de experimentar deseo y emoción, hasta cierta medida.
El espíritu animal ha alcanzado en su descenso, únicamente el Mundo del Deseo. No se ha desarrollado todavía hasta el punto en que pueda "entrar" en un cuerpo denso. Por lo tanto, el animal no tiene Espíritu interno, pero sí un Espíritu-Grupo que le dirige desde fuera. El animal tiene cuerpo denso, cuerpo vital y cuerpo de deseos, pero el Espíritu-Grupo que los rige, se halla externamente. El cuerpo vital y el cuerpo de deseos del animal, no están completamente dentro del cuerpo denso, especialmente en lo que concierne a su cabeza.
El deseo impele todas las formas a moverse; el pájaro vuela, y el animal recorre la tierra en su deseo de encontrar comida y amparo, o con el fin de procrear; el hombre es también movido por esos deseos, pero tiene otros y más altos impulsos para estimularlo al esfuerzo, entre ellos está el deseo de rapidez en la moción que le condujo a construir locomotoras y otras máquinas que se mueven de acuerdo a su deseo.
Si no hubiera hierro en la montaña, el hombre no podría construir máquinas.
Si no hubiera arcilla en el suelo, la estructura ósea del esqueleto, sería una imposibilidad, y si no hubiera un Mundo Físico con sus sólidos, líquidos y gases, este cuerpo denso nuestro, nunca hubiera podido venir a la existencia.
Razonando de un modo similar, comprenderemos que si no hubiera un Mundo de Deseo compuesto de materia de deseos, no tendríamos ningún medio para formar sentimientos, emociones y deseos. Un planeta compuesto con los materiales que percibimos con nuestros ojos físicos y ninguna otra substancia, podría ser la morada de plantas que crecerían inconscientemente, pero que no tendrían deseos que las hicieran crecer. Los reinos humano y animal, serían por lo tanto una imposibilidad.
Los animales y el hombre tienen cuerpos de deseos y están, por lo tanto, dominados por dos sentimientos gemelos y por dos fuerzas gemelas. Un tigre de la jungla pasará ante un pan con toda indiferencia, pero si sentirá interés por el poseedor del pan; su interés despertará la fuerza de atracción y tratará de matarlo. Este acto de destrucción no es, en manera alguna, ni el fin ni el objeto del tigre, sino un paso necesario para la asimilación. Si el tigre, viera a otra fiera que estuviera tramando algo sobre lo que aquél consideraba su botín, también le producirá interés. Pero en este caso el sentimiento de interés despertará la fuerza de repulsión y se producirá una lucha, siendo el objeto de la misma la destrucción del adversario. En el caso mencionado y en los casos en que los deseos animales del hombre son factores integrantes, estos dos sentimientos gemelos y esas dos fuerzas gemelas operan análogamente, pero hay una diferencia en la composición del cuerpo de deseos del hombre y del animal.
El cuerpo de deseos de un animal, está compuesto solamente por materia de las cuatro regiones inferiores del mundo del Deseo. De ahí que sea incapaz de sentir más que deseos animales de alimento, defensa o análogos. Un santo sentiría agudos remordimientos por haber expresado inadvertidamente alguna palabra dura e hiriente; los tigres permanecen tranquilos sin el menor sentimiento, por haber obrado mal, aunque maten diariamente. La razón es que el cuerpo de deseos del hombre está compuesto de materia de todas las siete regiones del Mundo del Deseo, así que es capaz de sentir más sutil y más elevadamente que el animal.

del libro "El Cuerpo de Deseos", de Max Heindel

*

A través de los períodos septenarios


PARTE II


ORIGEN Y DESARROLLO DEL CUERPO DE DESEOS DEL
HOMBRE

Capítulo II

A TRAVÉS DE LOS PERÍODOS SEPTENARIOS


El esquema evolutivo se lleva a cabo a través de los cinco Mundos en siete grandes Períodos de Manifestación, durante los cuales los Espíritus Virginales, o la vida evolucionante, se convierte primero en hombres y después en Dioses.
En terminología Rosacruz, los nombres de los siete Períodos son los siguientes:


1. El Período de Saturno.
2. El Período Solar.
3. El Período Lunar.
4. El Período Terrestre.
5. El Período de Júpiter.
6. El Período de Venus.
7. El Período de Vulcano.


Los tres primeros períodos mencionados (de Saturno, Solar y Lunar), pertenecen al pasado. Estamos actualmente en el cuarto, o Período Terrestre.
Cuando este Período de nuestro globo se haya completado, el planeta y nosotros, pasaremos a las condiciones de Júpiter, Venus y Vulcano, antes de que el septenario gran Día de Manifestación concluya, cuando todo lo que ahora es, se sumerja una vez más en el Absoluto durante un período de descanso y asimilación de los frutos de nuestra evolución, para reemerger nuevamente para ulterior y más elevado desarrollo en la aurora de otro Gran Día.
Los tres Períodos y medio ya pasados, han sido empleados en la adquisición de nuestros vehículos y conciencia actual. Los tres Períodos y medio restantes, se dedicarán a perfeccionar esos vehículos y a expansionar nuestra conciencia hasta un punto equivalente a la omniciencia.
Hemos visto que el hombre es un ser complejo que se compone de:


1) Un Cuerpo Denso, su instrumento de acción;
2) Un Cuerpo Vital, conductor de la "vitalidad"; que hace posible la acción;
3) Un Cuerpo de Deseos, de donde vienen los deseos que obligan a la acción;
4) Una Mente, que controla los impulsos y da un propósito a la acción;
5) El Ego, que actúa y acumula las experiencias resultantes de su acción.


El Espíritu Humano y el cuerpo de deseos comenzaron su evolución en el período Lunar y, por lo tanto, el Espíritu Santo, se hizo especialmente cargo de ellos.
Del estudio del Concepto Rosacruz del Cosmos, nos enteramos que nuestro cuerpo de deseos fue generado en el Período Lunar. Para obtener una imagen mental de las cosas en esa Época, tomemos el dibujo de un feto de cualquier libro de anatomía. Hay tres partes principales: la placenta, llena de la sangre de la madre, el cordón umbilical, que lleva corriente vital, y el feto, que es nutrido desde el estado embrionario, hasta su madurez. Imaginémosnos ahora que en ese lejanísimo pasado el firmamento era parecido a una enorme placenta, de la cual colgaban billones de cordones umbilicales, cada uno con su feto. Entonces, a través de toda la familia humana en desarrollo, circulaba la única esencia universal de deseo y emoción, que generaba todos los impulsos a la acción, impulsos que se manifiestan ahora en todas las fases del trabajo mundial. Esos cordones umbilicales y fetos, se moldeaban de la húmeda materia de deseos, por las emociones de los Ángeles Lunares, mientras que las corrientes ígneas del deseo que se empeñaban en excitar la vida latente de la humanidad en formación, eran generados por los Espíritus Luciféricos, marciales e ígneos. El color de esa primera lenta vibración que ellos consiguieron poner en movimiento en la materia de deseos emocional, fue el rojo.
En el Período Lunar, fue necesario reconstruir el cuerpo denso para hacerlo capaz de ser interprenetrado por un cuerpo de deseos y para que pudiera evolucionar un sistema nervioso, muscular y cartilaginoso, así como también un esqueleto rudimentario. Esta obra de reconstrucción fue la que se efectuó en la Revolución de Saturno del Período Lunar.
En la segunda Revolución, o solar, el cuerpo vital fue también modificado con objeto de que fuera capaz de ser interpenetrado por un cuerpo de deseos, también para que pudiera acomodarse por sí mismo al sistema nervioso, muscular, óseo, etc. Los Señores de la Sabiduría que fueron los originadores del cuerpo vital, también ayudaron a los Señores de la Individualidad en ese trabajo.
De esta substancia húmeda (en el Período Lunar), se formó el cuerpo más denso de ese "Hombre Acuático". El pensamiento-forma del cuerpo se había consolidado hasta convertirse en un gas húmedo, y el pensamiento-forma de nuestro cuerpo vital había descendido hasta el Mundo del Deseo. Estaba pues formado por materia de deseos. A este cuerpo doble se agregó el pensamiento-forma, de nuestro actual cuerpo de deseos, durante el período Lunar, y los Serafines, despertaron el tercer aspecto de los Espíritus Virginales: "El Espíritu Humano" y, el Espíritu Virginal, conviertióse en un "Ego", así que al finalizar el Período Lunar, el hombre naciente poseía un triple Espíritu y un triple cuerpo.
Vemos pues, que al terminar el período Lunar, el hombre poseía un cuerpo triple, en varios grados de desenvolvimiento y también el germen de un triple Espíritu. Tenía los cuerpos denso, vital y de deseos y los Espíritus Divino, de Vida y Humano. Todo lo que le faltaba era el eslabón que los uniera.
Al final del Período Lunar, esas clases poseían los vehículos indicados en el diagrama 10 del Concepto Rosacruz del Cosmos, y con ellos partieron al principio del Período Terrestre. Durante el tiempo transcurrido desde aquel entonces el reino humano ha estado desenvolviendo el eslabón de la mente y ha desarrollado, en consecuencia, la plena conciencia de vigilia. Los animales han obtenido un cuerpo de deseos; las plantas un cuerpo vital; los rezagados de la oleada de vida que comenzó su evolución en el Período Lunar, han escapado a la dura y pesada condición pétrea y ahora sus cuerpos densos los componen nuestras tierras blandas y suaves; en tanto que la oleada de vida que comenzó su evolución aquí, en el período Terrestre, forma las rocas y piedras más duras.
Aquellos de la clase 2, cuyos cuerpos de deseos pudieron ser divididos en dos partes (en cuyo caso estaban todos los de la clase 1), podían actuar en vehículos humanos y, por lo tanto, se desarrollaron en el grupo humano.
Debemos recordar cuidadosamente que en los párrafos anteriores, nos hemos referido a la Forma, no a la Vida que anima a las Formas. El instrumento está graduado para que sirva a la vida que lo anima. Aquellos de la clase 2, en quienes se podía efectuar la división mencionada, se elevaron hasta el reino humano, pero se les dio el Espíritu interno un poco más tarde que a los de la clase 1. Por lo tanto, no están tan desarrollados como los de la clase 1, y forman en consecuencia las razas humanas inferiores.
Aquellos cuyos cuerpos de deseos eran incapaces de división, fueron colocados en la misma división como clases 3a y 3b, y constituyen nuestros presentes antropoides. Sin embargo, podrán seguir con nuestra evolución si alcanzan un grado de desarrollo suficiente antes del punto crítico ya mencionado, que vendrá a mediados de la Quinta Revolución. Si no lo consiguen hasta ese entonces, perderán todo contacto con nuestra evolución.
Dijimos que el hombre había construido su triple cuerpo con la ayuda que le prestaron otros seres superiores a él, pues en el Período previo no había poder coordinador; el triple Espíritu, el Ego, estaba separado y aparte de sus vehículos. Pero ahora había llegado ya el tiempo en el que el cuerpo y el  Espíritu debían unirse.
Cuando se podía dividir el cuerpo de deseos, entonces la parte superior se convertía, en cierta forma, en el señor o dominador de la parte inferior del mismo y de los cuerpos vital y denso. Formaba algo así como un alma-animal con la que se podía unir el Espíritu por medio del eslabón de la mente.
Cuando no había división del cuerpo de deseos, este vehículo se entregaba a las pasiones y deseos, sin ningún freno y, por lo tanto, no podía ser empleado como vehículo interno en el cual pudiera morar el Espíritu. Así que, entonces, se lo puso bajo el gobierno de un Espíritu-Grupo, quien lo guiaba desde fuera y se convirtió en un cuerpo animal y esa clase es la que ahora ha degenerado, convirtiéndose en el cuerpo de los antropoides.
Conforme el cuerpo de deseos admitía la división, así el cuerpo denso iba adquiriendo gradualmente la posición vertical, apartando así su espina dorsal del alcance de las corrientes horizontales del Mundo del Deseo, por medio de las cuales obra el Espíritu-Grupo sobre el animal, a través de su espina dorsal horizontal. El Ego podía entonces entrar dentro, obrando y expresándose a sí mismo por medio de la espina dorsal vertical y construir la laringe vertical, así como el cerebro, para su expresión adecuada en el cuerpo denso. La laringe horizontal está también bajo el dominio del Espíritu-Grupo. Si bien es cierto que algunos animales tales como los estorninos, cotorras, loros, etc., ya mencionados, pueden emitir palabras, por poseer laringe vertical, no pueden emitirlas inteligentemente. El emplear palabras para expresar el pensamiento es el más alto privilegio de la humanidad, y sólo puede ser efectuado por una entidad que piense y razone, análoga al hombre.
En la Época Polar, el hombre adquirió el cuerpo denso como instrumento de acción. En la Época Hiperbórea, se agregó el cuerpo vital, que dio la fuerza de movimiento necesaria para la acción. En la Época Lemúrica, el cuerpo de deseos suministró el incentivo para la acción.
En la tercera, o Época Lemúrica, el hombre desarrolló un cuerpo de deseos, vehículo de pasiones y emociones, y estaba constituido como los animales.
Entonces la leche, un producto de animales vivientes, se agregó a su comida, pues las emociones obran más fácilmente sobre esta substancia.Se describe a Abel, el hombre de esta época, como a un pastor. En ninguna parte se dice que mató a animales para alimentarse de ellos.
La tercera, o Época Lemúrica, presenta condiciones análogas al Período Lunar, pero con una atmósfera más densa. El núcleo ígneo de la Tierra, estaba en el centro,, y en torno estaban las aguas hirvientes, y por fuera la atmósfera húmeda y caliente, o la "neblina ígnea", pues de esta manera, Dios separó la tierra seca de las aguas, como se dice en el Génesis. Es decir, se separó la humedad densa del vapor, y el hombre vivía sobre algunas islas de formación sólida o costras esparcidas en el océano ígneo, o aguas hirvientes. Su cuerpo se había solidificado un tanto, tenía un tronco, brazos, piernas y la cabeza empezaba a formarse. Se incorporó el cuerpo de deseos y el hombre fue puesto bajo la tutela de lo Arcángeles.
En un pasado lejanísimo, cuando el hombre estaba en contacto con los mundos "internos" esos órganos (el cuerpo pituitario y al glándula pineal) eran el medio de ingreso a ellos, y volverán a servir con igual propósito en un estado ulterior. Estaban relacionados con el sistema nerviosos simpático o involuntario. El hombre veía entonces los mundos internos; como en el Período Lunar, la última parte de la Época Lemúrica y principio de la Atlante.
La imágenes se presentaban completamente independientes de su voluntad.
Los centros sensoriales de su cuerpo de deseos giraban en dirección contraria a las manecillas de un reloj (siguiendo negativamente el movimiento de la Tierra, que gira en torno de su eje en esa dirección), como actualmente giran los centros de los "mediums". En la mayoría de los hombres esos centros son inactivos, pero el desenvolvimiento apropiado los pondrá en movimiento en la misma dirección que las manecillas de un reloj.
La mente se le dio al hombre en la Época Atlante, para que tuviera propósito en la acción, pero como el Ego era excesivamente débil y la naturaleza pasional (de deseos) muy fuerte, la mente naciente se unió al cuerpo de deseos; y de ahí resultó la Astucia, causa de todas las maldades de mediados del último tercio de la Época Atlante.
En un futuro remoto el cuerpo de deseos del hombre estará tan bien organizado como los cuerpos vital y denso. Cuando se alcance esa etapa podremos funcionar perfectamente en el cuerpo de deseos, como lo hacemos ahora en el denso, que es el más antiguo y el mejor organizado de los vehículos humanos, siendo el cuerpo de deseos el más nuevo.
En la Época Hiperbórea, cuando el hombre todavía no poseía un cuerpo de deseos, había sólo un modo universal de comunicación; y cuando el cuerpo de deseos se purifique suficientemente, todos los hombres se comprenderán nuevamente entre sí, porque entonces no habrá más separatividad y diferenciación racial.
El cuerpo de deseos se comenzó en el Período Lunar, fue reconstruido en el Período Terrestre, será nuevamente modificado en el Período de Júpiter y alcanzará la perfección en el Período de Venus.
El Globo D del Período de Venus, está situado en el Mundo del Deseo (véase el diagrama 8 del Concepto Rosacruz del Cosmos), de ahí que no puede emplearse ni un cuerpo vital ni uno denso como instrumento de conciencia.
En consecuencia, las esencias de los cuerpos vital y denso perfeccionados, serán incorporados allí al perfeccionado cuerpo de deseos, convirtiéndose así el último, en un vehículo de cualidades trascendentales, maravillosamente adaptado y sensibilísimo al menor anhelo del Espíritu interno, tan superior a nuestras presentes limitaciones, que está más allá de nuestra más elevada concepción.
Aún así la eficiencia de ese espléndido vehículo será trascendida cuando en el Período de Vulcano, su esencia, junto con las de los cuerpos vital y denso, se agreguen al mental, que se convertirá en la más elevada expresión de los vehículos humanos, conteniendo en sí mismo la quintaesencia de lo mejor que había en todos ellos.

del libro "El Cuerpo de Deseos", de Max Heindel

*

De la Infancia a la Pubertad


PARTE III


EL CUERPO DE DESEOS DEL HOMBRE
EN EL MUNDO FÍSICO

Capítulo III

DE LA INFANCIA A LA PUBERTAD


Los vehículos del recién nacido, no están activos inmediatamente. El cuerpo denso está completamente desamparado durante largo tiempo después del nacimiento.
Lo mismo ocurre con las fuerzas que trabajan en el cuerpo de deseos. Está presente la sensación pasiva del dolor físico, mientras que los sentimientos y las emociones están casi enteramente ausentes. Por supuesto, el niño demostrará emoción a la mínima provocación, pero la duración de esta emoción es sólo momentánea; todo es superficial.
El cuerpo vital de la planta va formando hoja tras hoja, creciendo el tronco o el tallo cada mes más. Si no fuera por el cuerpo de deseos macrocósmico, continuaría así indefinidamente, pero el cuerpo de deseos macrocósmico lo restringe en cierto punto y gobierna todo crecimiento ulterior. La fuerza que ya no se necesita para el crecimiento, es entonces utilizable con otros propósitos para construir la flor y formar la simiente. De parecida manera el cuerpo vital humano, cuando ya domina al cuerpo denso, después del séptimo año, lo hace crecer rápidamente, pero alrededor de los catorce años nace el cuerpo de deseos individual de la matriz del cuerpo de deseos macrocósmico y, entonces, puede trabajar libremente en el cuerpo denso. El crecimiento excesivo es así controlado y la fuerza utilizada anteriormente con aquel objeto, se puede emplear para la propagación, para que la planta humana pueda florecer y producir fruto. De ahí que el nacimiento del cuerpo de deseos personal, marque el período de la pubertad. Desde entonces comienza a
sentirse la atracción por el sexo opuesto, atracción que obra especialmente desenfrenada y activa en el tercer período septenario de la vida -desde los catorce hasta los veintiún años-, debido a que la mente refrenadora no ha nacido aún.
No se debe imaginar, sin embargo, que cuando nació el cuerpo pequeño del niño, se acabó el proceso de nacimiento. El cuerpo físico denso tiene la más larga evolución, y así como un zapatero que trabajó en su profesión muchos años, es más experto que el aprendiz y puede hacer mejores zapatos y más rápidamente, asimismo el Espíritu que ya ha construido muchos cuerpos físicos, puede hacerlos con más suficiencia. Pero el cuerpo vital es una adquisición posterior del ser humano y no somos tan expertos en estructurarlo. Por lo tanto, necesitamos más tiempo para construirlo de materiales que no fueron empleados primeramente en la delineación del arquetipo, en consecuencia el cuerpo vital sólo nace a los siete años. El cuerpo de deseos es un agregado aún más reciente y sólo nace a los catorce años. Entonces, la naturaleza pasional, se hace sentir más fuertemente durante la adolescencia "ardiente" y la mente que hace del hombre, un hombre, nace sólo a los veintiún años; y la ley no reconoce al hombre como mayor de edad, con todos los derechos del ciudadano, hasta que los cumpla.
A los catorce años nace el cuerpo de deseos, que marca el comienzo de la auto-afirmación. En la infancia el niño se considera más como perteneciendo a la familia y dependiente de los deseos de sus padres, que después del período de la pubertad que llega a los catorce años. La razón es la siguiente: en la garganta del feto existe una glándula llamada "la glándula Thymus", que alcanza su tamaño más grande durante el período de gestación y, al nacer la criatura, va disminuyendo o atrofiándose gradualmente conforme crece el niño, desapareciendo completamente cuando termina la niñez, a una edad que puede variar según las características individuales. Los médicos están muy confundidos para determinar las funciones de ese órgano y no han llegado aún a una decisión firme, pero han emitido la siguiente teoría: antes del desarrollo de la médula roja, el niño no es capaz de hacer su propia sangre y, por lo tanto, la glándula thymus contiene una esencia proporcionada por los padres, de donde el niño puede tomarla durante la infancia y la niñez, hasta que sea capaz de hacerla por sí mismo. Esta teoría es más o menos correcta y mientras la sangre de los padres fluye en el cuerpo del niño, él se considera como parte de la familia y no un Ego separado. Pero en el momento que comienza a hacer su propia sangre, el Ego reivindica sus derechos y el adolescente no es más el niño o la niña de papá y mamá, sino que ya tiene su propio "yo". Entonces comienza el período crítico, cuando los padres cosechan lo que han sembrado.
La mente no ha nacido aún y nada refrena la naturaleza pasional y, por lo tanto, muchísimo depende de cómo el niño ha sido educado hasta este período y que ejemplo le han dado los padres. En este punto de la vida la autoafirmación, el sentimiento del "yo" es más fuerte que en cualquier otra época y, por consiguiente, la autoridad debe dar lugar a los consejos. Los padres deben ser muy tolerantes, porque nunca como en ese período, es decir, desde los catorce años hasta los veintiún años, está el ser humano tan hambriento de simpatía y comprensión, debido a que su naturaleza pasional está pasando una etapa desenfrenada e incontrolable.
El cuerpo de deseos necesita protección contra los impactos del Mundo del Deseo, hasta su nacimiento a los catorce años, cuando llega la pubertad, como dijimos y la mente no está suficientemente madura para romper su cubierta protectora hasta que el hombre alcance su mayoría de edad, aproximadamente a los veintiún años. Estos períodos son aproximados, pues cada persona difiere de la otra en este aspecto, pero los datos son bastante correctos.
Hemos visto que cuando el Ego ha finalizado su día en la escuela de la vida, la fuerza centrífuga de Repulsión desprende de él al cuerpo denso al morir y más tarde al cuerpo vital, que es el próximo más denso. Después, en el Purgatorio, la materia de deseos más densa, acumulada por el Ego como encarnación de sus deseos inferiores, queda purificada por esa fuerza centrífuga. En los mundos superiores únicamente la fuerza de Atracción, es la que reina, conservando el bien mediante la acción centrípeta, que tiende a atraer lo de la periferia al centro.
Esta fuerza centrípeta de Atracción, es la que rige también cuando el Ego renace. Sabemos que podemos arrojar una piedra a mayor distancia que una pluma. Por lo tanto la materia más densa es arrojada después de haber nacido el cuerpo de deseos, alrededor de los catorce años y, entonces, las corrientes de ese vehículo comienzan a fluir hacia afuera por el hígado. Entonces es cuando el Ego comienza a "vivir" su vida individual y muestra lo que está adentro.
El cuerpo de deseos nace alrededor de los catorce años, en la pubertad.
Entonces los sentimientos y pasiones empiezan a ejercer su poder sobre el adolescente, porque la matriz que protegía al cuerpo de deseos se ha roto. En la mayoría de los casos éste es un tiempo de prueba, pero menos peligroso para el adolescente que ha aprendido a mirar a sus padres o maestros, con reverencia, porque entonces éstos le servirán de áncora de fortaleza contra las acometidas de la sensación. Si se ha acostumbrado a aceptar las afirmaciones de sus mayores con confianza y éstos le han dado consejos sabios y si ha desarrollado un sentido interno de la verdad que le sirve de guía seguro, únicamente en proporción a como no acepte estas directivas aumentará el peligro de torcer su camino.
Cuando una persona muere en la infancia de la vida, recuerda frecuentemente su existencia en la próxima encarnación, porque los niños menores de catorce años no pasan por todo el ciclo completo de vida y, por lo tanto, no precisan un nuevo juego de vehículos. Simplemente pasan a las regiones superiores del Mundo del Deseo y allí esperan hasta una nueva encarnación, la que generalmente tiene lugar dentro de los veinte años después de la muerte.
Cuando renacen, llevan consigo los antiguos cuerpos mental y de deseos.

del libro "El Cuerpo de Deseos", de Max Heindel

*

Su aspecto y sus funciones


Capítulo IV

SU ASPECTO Y SUS FUNCIONES


Además del cuerpo visible denso y del cuerpo vital, tenemos otro cuerpo compuesto de materia de deseos, con la cual formamos nuestros sentimientos y emociones. Este vehículo también nos impele a buscar la gratificación de los sentidos. Pero mientras los dos primeros están bien organizados, el cuerpo de deseos aparece a la vista espiritual como una nube ovoide que se extiende de 16 a 20 pulgadas más allá del cuerpo denso. Se encuentra sobre la cabeza y debajo de los pies, de manera que, nuestro cuerpo denso está en el centro de esa nube ovoide, igual como la yema se encuentra en el centro del huevo.
La razón del estado rudimentario de este vehículo es que ha sido incorporado a la constitución humana más tarde que los cuerpos más densos. Se puede comparar la evolución de la forma a la manera en que los jugos del caracol se condensan, primeramente en carne y después se transforman en una cáscara dura. Cuando nuestro cuerpo denso actual germinó en el Espíritu, era un pensamiento-forma, pero gradualmente fue haciéndose más denso y sólido, hasta alcanzar la cristalización química actual. El cuerpo vital fue el próximo que emanó del Espíritu, como un pensamiento-forma y se encuentra en su tercera etapa de solidificación que es la etérica. El cuerpo de deseos fue adquirido aún más tarde. También era un pensamiento-forma a su concepción, pero ahora se ha condensado en materia de deseos. La mente, incorporada recientemente, no es más que un pensamiento-forma de aspecto nuboso.
Brazos y piernas, oídos y ojos no se necesitan para funcionar en el cuerpo de deseos, pues se desliza a través del espacio, más rápido que el viento, sin los medios de locomoción que necesitamos en el mundo visible.
Mirando con la vista espiritual al cuerpo de deseos, parece que hay una cantidad de vórtices en movimiento. Es una característica de la materia de deseos, el estar en constante movimiento; y del vórtice principal en el hígado hay un constante fluir irradiante hacia la periferia de este cuerpo ovoide, y un retorno, otra vez hacia el centro pasando por otros vórtices. El cuerpo de deseos irradia todos los colores y matices que conocemos y muchos otros imposibles de describir con nuestro lenguaje terrestre. Esos colores difieren en cada individuo de acuerdo a sus características y a su temperamento y también cambian de un momento a otro según el humor, los caprichos y las emociones pasajeras del individuo. Sin embargo, siempre existe un color básico que depende del planeta regente en el momento de su nacimiento. El hombre, en cuyo horóscopo Marte es predominante, tiene generalmente un color rojizo en su aura. Cuando Júpiter es el planeta más fuerte, entonces el color principal del aura será de un tono azulado, e igual pasa con los otros planetas.
Hubo un tiempo en la historia de nuestra Tierra, cuando la incrustación aún no era completa y los seres humanos de aquel tiempo vivían sobre islas aquí y allá, entre las aguas hirvientes. Todavía no habían evolucionado los ojos y los oídos, pero un órgano pequeño: la glándula pineal, que los hombres de ciencia denominaron el tercer ojo, sobresalía por la parte posterior de la cabeza y era un órgano de percepción, que advertía al hombre cuando se aproximaba demasiado a algún cráter volcánico, permitiéndole así alejarse y escapar de la destrucción. Desde entonces los hemisferios cerebrales han cubierto la glándula pineal y en lugar de un órgano único de percepción, ahora nuestro cuerpo entero, por adentro y por afuera, es sensitivo a los impactos lo que es, por supuesto, un estado mucho más adelantado de desarrollo.
Cada partícula de materia del cuerpo de deseos es sensitiva a las vibraciones similares a las de la vista, del oído y del tacto. Ninguna partícula permanece en reposo, sino que se mueven constantemente girando con increíble rapidez, de manera que encontrándose sobre la cabeza en determinado momento, puede hallarse a los pies el siguiente instante, impartiendo a todas las partículas o átomos del cuerpo la sensación que ha experimentado. De manera que todas las partículas de la substancia de deseos de nuestro cuerpo, experimentarán la misma sensación que experimenta una determinada partícula. Por lo tanto, el cuerpo de deseos es sensitivo en extremo, capaz de los más intensos sentimientos y emociones.
El cuerpo de deseos es el vehículo de los sentimientos y de las emociones, las que están siempre cambiando de un momento a otro. Aunque habíamos dicho que el éter que forma nuestro cuerpo del alma está en movimiento constante y se mezcla con la corriente de la sangre, ese movimiento es lento en comparación con la rapidez de la corriente del cuerpo de deseos.
La materia de deseos se mueve con inconcebible celeridad, sólo comparable con la rapidez de la luz.
Los impulsos del cuerpo de deseos llevan la sangre a través del cuerpo con mayor o menor aceleración, de acuerdo a la fuerza de las emociones.
Actualmente tanto los materiales de las regiones superiores, como de las inferiores, entran en la composición de los cuerpos de deseos de la gran mayoría de la humanidad. Nadie es tan malo, para no tener algún rasgo bueno; lo que está expresado en los materiales de las regiones superiores que encontramos en sus cuerpos. Por otro lado son sumamente escasos los que son demasiado buenos como para no emplear algunos materiales de las regiones inferiores.
De la misma manera que los cuerpos vital y de deseos planetarios interpenetran la materia densa de la Tierra, como vimos en la ilustración de la esponja, arena y agua, así también los cuerpos vital y de deseos interpenetran el cuerpo denso de la planta, del animal y del hombre. Pero durante la vida del hombre, su cuerpo de deseos no tiene la misma forma que sus cuerpos denso y vital. Después de la muerte es cuando asume esa forma, mientras que durante la vida tiene la apariencia de un ovoide luminoso que en las horas de vigilia rodea completamente al cuerpo denso, como la clara envuelve a la yema. Se extiende de doce a dieciséis pulgadas alrededor del cuerpo denso. En este cuerpo de deseos existen cierto número de centros latentes. El despertar de estos centros de percepción correspondería al despertar de los ojos del ciego de nuestro ejemplo anterior. La materia del cuerpo de deseos humano está en un movimiento incesante de increíble rapidez. Ninguna partícula de ella permanece en reposo ni por un sólo instante. La materia que se encuentra sobre la cabeza en determinado momento, puede encontrarse a los pies en el instante siguiente y volver de nuevo a ocupar su sitio primitivo. No existe órgano alguno en el cuerpo de deseos, como en los cuerpos vital y físico, pero hay centros de percepción que, cuando están en actividad, parecen vórtices, permaneciendo siempre en la misma posición con relación al cuerpo denso, encontrándose la mayoría de ellos alrededor de la cabeza. En la mayoría de la humanidad esos centros son simples remolinos y no tienen utilidad alguna como medios de percepción. Pueden ser despertados en todos, sin embargo, hay que tener en cuenta que según los métodos, son los resultados que se consiguen.
En el clarividente involuntario, desarrollado en sentido negativo e inapropiado, estos vórtices giran de derecha a izquierda, o sea en dirección opuesta a las manecillas del reloj.
En el cuerpo de deseos del clarividente voluntario, debidamente desarrollado, giran en la misma dirección que las manecillas de un reloj, fulgurando esplendorosamente y sobrepasando en mucho a la brillante luminosidad del cuerpo de deseos ordinario. Estos centros son los medios de percepción en el Mundo del Deseo, pudiendo aquél ver e investigar a voluntad por su intermedio, mientras que las personas cuyos centros giran de derecha a izquierda, son como espejos que reflejan lo que pasa ante ellos. Tal persona es incapaz de obtener conocimientos reales. Lo mencionado es una de las diferencias fundamentales entre un médium y un clarividente desarrollado.
Para la mayoría resulta casi imposible distinguir entre ambos, pero existe una regla de oro que todo el mundo puede seguir con toda confianza: Ningún vidente genuinamente desarrollado, empleará su facultad por dinero o su equivalente, ni la empleará tampoco para satisfacer la curiosidad, sino únicamente para ayudar a la humanidad.

del libro "El Cuerpo de Deseos", de Max Heindel

*

Efecto de las emociones sobre los contornos y los colores


Capítulo V


EFECTO DE LAS EMOCIONES SOBRE LOS CONTORNOS
Y LOS COLORES.


Cristo dijo, "Que brille vuestra luz". A la visión espiritual, cada ser humano aparece como una llama de luz, coloreada de distintos matices, según el temperamento y más o menos brillante, de acuerdo a la pureza del carácter. La ciencia ha descubierto que toda la materia se encuentra como en un estado de "flujo" en que las partículas o átomos que componen nuestros cuerpos se desintegran continuamente y se eliminan del organismo para ser reemplazados por otros que se quedan durante poco tiempo, descomponiéndose luego.
Igualmente nuestros humores, emociones y deseos cambian continuamente, los viejos dando lugar a los nuevos y así, en una sucesión interminable. Por lo tanto, también ellos deben componerse de materia y obedecer a leyes similares a las que gobiernan las substancias físicas visibles.
Veremos ahora como cambia el cuerpo de deseos, por el efecto de los diferentes sentimientos, deseos, pasiones y emociones, para que podamos aprender a construir con sabiduría el templo místico donde moramos.
Cuando estudiamos cualquiera de las llamadas ciencias físicas, como por ejemplo la anatomía o la arquitectura, que tratan de cosas palpables, entonces nuestra tarea está simplificada por el hecho que tenemos palabras adecuadas, para describir las cosas de que nos ocupamos, pero aún entonces, la imagen mental concebida por una palabra determinada, difiere en cada individuo.
Hablando de un "puente", se puede hacer una imagen mental de una gran construcción de hierro, cuyo valor es de un millón de dólares, o se puede pensar en un puentecillo puesto a través de un arroyo. La dificultad que encontramos para comunicar las impresiones exactas, crece a medida que nos esforzamos en transmitir las ideas respecto a las fuerzas intangibles de la Naturaleza, tales como, por ejemplo, la electricidad. Medimos la fuerza de la corriente en voltios, el volumen en amperios y la resistencia del conductor en ohmios, pero en realidad, tales términos son sólo invenciones para cubrir nuestra ignorancia del asunto. Todos sabemos lo que es una libra de café, pero los más eminentes hombres de ciencia no tienen una idea más exacta de los voltios, amperios y ohmios, que un escolar que oye esos términos por primera vez, en eruditos discursos al respecto.
No es de maravillarse entonces que los asuntos superfísicos sean descritos en términos vagos y, a veces, equívocos, pues no tenemos palabras en ningún idioma físico para describirlos correctamente y nosotros nos encontramos desamparados y completamente perdidos, para encontrar descripciones adecuadas respecto a ellos. Aún si fuera posible proyectar sobre la pantalla una cinta cinematográfica del cuerpo de deseos y, así mostrar como este turbulento vehículo cambia de contornos y colores, según las emanaciones, aún así, el que no es capaz de ver esas cosas por sí mismo, no tendría una impresión correcta, pues el vehículo de cada ser humano difiere de todos los otros vehículos, según como responde a ciertas emociones. Lo que en alguno despierta el amor, el odio, la ira, el miedo o alguna otra emoción, puede dejar a otro completamente indiferente.
El autor, con el fin de compararlas, ha observado muchas veces a diferentes multitudes y siempre ha encontrado algo completamente nuevo y distinto de lo que había observado antes. En una ocasión un demagogo estaba tratando de incitar a una confederación de trabajadores a decretar la huelga; él mismo estaba muy excitado y no obstante que su color básico anaranjado obscuro, se percibía un poco, en ese momento estaba casi reemplazado por un color escarlata muy vivo; el aspecto de su cuerpo de deseos recordaba a un puerco espín con sus púas abiertas. Había mucha oposición en el ambiente y, mientras él hablaba, se podía distinguir netamente a los dos bandos, por el color de sus respectivas auras. En los unos predominaba el escarlata de la cólera y, en los otros, este color se mezclaba con el gris, color del miedo.
Lo notable fue que no obstante la mayoría de los hombres "grises", ganaron los otros, pues entre los "miedosos" cada uno se creía sólo y pensaba que no sería apoyado y, por lo tanto, tenía miedo de votar o de expresar su opinión.
Con la presencia de alguien capaz de ver esas condiciones y que hubiera hablado con todos los que manifestaban en el aura su desacuerdo, dándole a cada uno la seguridad que era uno de la mayoría, entonces la marea de la opinión se hubiera volcado al otro lado. Esto ocurre frecuentemente en la vida humana, pues actualmente la mayoría de la gente es solo capaz de ver la superficie del cuerpo físico no puede darse cuenta de como son realmente los pensamintos y los sentimientos ajenos.
En otra ocasión el autor asistió a una reunión de evangelistas donde había miles y miles de personas que vinieron a escuchar a un orador de gran fama.
En el comienzo de la reunión se veía, era evidente por el estado de las auras del público, que la gran mayoría había venido solamente con el objeto de pasar el tiempo y divertirse. Los pensamientos, sentimientos y emociones referentes a la vida privada de cada uno eran bien visibles, pero en algunos un color azul obscuro denotaba la preocupación y parecía demostrar que habían sufrido algún disgusto en la vida y, por lo tanto, estaban molestos. Cuando apareció el orador, se produjo un fenómeno extraño. Los cuerpos de deseos están generalmente en un estado turbulento de movimiento, pero en ese instante parecía como si todo el numeroso auditorio retuviera su aliento en una actitud de expectativa, pues el intercambio de colores en los cuerpos de deseos individuales cesó, dando lugar al anarnajado básico que se hizo bien visible por un instante. Pero en seguida, cada uno volvió a sus actividades emocionales, mientras se tocaba el preludio. Luego, comenzaron a cantar himnos, lo que demostró el valor y el efecto de la música, pues cuando todos se unieron cantando idénticas palabras y la misma melodía, entonces las mismas vibraciones rítmicas que se elevaron a través de todos esos cuerpos de deseos parecían mezclarlos y unirlos en uno solo. Pero había algunos burlones que se apartaban y no querían cantar y unirse con los otros. A la visión espiritual, ellos aparecían como hombres de acero, cubiertos de una armadura de ese color y de cada uno de ellos emanaba una vibración que decía más claramente que lo hubieran dicho las palabras: "Déjame en paz, no me toque".
Alguna voz interior les había traído aquí, pero ellos tenían un miedo bárbaro de dejarse ablandar y, por lo tanto, su aura estaba llena del color gris acero del miedo, que es la armadura del alma contra cualquier interferencia del exterior.
Cuando se terminó el primer canto, la unidad de color y vibración se rehízo casi inmediatamente, cada uno retornó a sus pensamientos habituales y, a menos que se hiciera algo, todos hubieran vuelto a su vida interna habitual.
Pero el evangelista, aunque no podía ver todo esto, ya sabía por experiencias previas, que su auditorio no estaba aún maduro y, por lo tanto, se cantaron varios himnos uno tras otro, al sonido de las manos palmeantes, de los tambores, con gesticulaciones del evangelista y con la ayuda de un coro ejercitado. Entonces, las almas esparcidas se unieron otra vez armónicamente; gradualmente el fervor religioso llenó toda la asamblea y se estableció la unidad necesaria para el próximo paso. Merced a la música, a las gesticulaciones del predicador y al efecto conmovedor de los himnos, este vasto auditorio se había convertido en una alma, pues los hombre de acero, los burlones "grises" que se consideraban demasiado inteligentes para ser engañados (mientras que su verdadero sentimiento era el de miedo) eran una parte insignificante de la congregación. Todos fueron afinados como las
múltiples cuerdas de un gran instrumento y, el evangelista, que se puso frente a ellos era un gran artista que por así decir, tocaba sobre sus emociones.
Conmovió al público de la risa a las lágrimas, de la aflicción a la vergüenza, grandes olas de los colores correspondientes parecían extenderse sobre el auditorio, magníficas y asombradoras. Siguieron las llamada habituales de "levantarse en defensa de Jesús" de hacer penitencia, etc., y cada llamado traía de todo el auditorio una respuesta llena de emoción, lo que se hacía evidente por el color dorado y azul de las auras. Siguieron más cantos, más palmoteo y más gesticulaciones, que, por el momento, prolongaron la unidad y dieron a la asamblea la sensación de experimentar el sentimiento de una fraternidad universal y de la paternidad de Dios. Los únicos que no se conmovieron por la música eran los hombres protegidos por su armadura azulada-grisácea del miedo. Este color parece casi impermeable a cualquier emoción y, aunque las experimentadas por la gran mayoría no iban a durar mucho, de cualquier forma beneficiaron en cierta medida a la reunión, con excepción de los hombres de acero.
Según lo que pudo investigar el autor, el miedo interno de ceder a las emociones (siendo el miedo saturnino en su efecto, gemelo de la ansiedad y preocupación) parece necesitar un choque que saque a la persona afectada fuera de su ambiente, poniéndola en otro lugar y en otras condiciones para eliminar así las viejas. La preocupación y la angustia son estados producidos cuando las corrientes del deseo no se extienden en largas líneas curvadas por ninguna parte del cuerpo de deseos, pero en cambio, este vehículo se llena de remolinos. En casos extremos no hay nada más que remolinos. La persona afectada de esa manera no se atreve a emprender ninguna acción; ve calamidades donde no existen y en vez de generar corrientes para suscitar una acción de prevención contra las cosas que teme, cada pensamiento angustioso forma un remolino en el cuerpo de deseos y, por consiguiente, no hace nada.
Esa condición de preocupación y angustia puede compararse al agua que está por congelarse en una temperatura que está bajando; el miedo que se traduce en escepticismo, cinismo y pesimismo se puede comparar a esta misma agua ya congelada, pues los cuerpos de deseos de esas personas son casi inmóviles y nada que se diga o se haga parece tener efecto alguno. Se dice de ellos que "se esconden en una concha" lo que parece muy acertado y esta concha saturnina debe romperse antes de que sea posible ayudar al hombre y sacarlo de su condición penosa.
Estas emociones saturninas de miedo y preocupación provienen, generalmente, del temor, de las dificultades económicas o sociales. "Tal vez la inversión que yo hice puede resultar en pérdida. Yo puedo perder mi empleo y quedarme en la calle hambriento; todo lo que yo empiezo me sale mal; mis vecinos me calumnian y tratan de dañar a mi posición social; mi mujer (o mi marido) no me quiere más; mis hijos se olvidan de mí"; y miles sugestiones de esta índole se presentan a la mente. La persona afectada debería acordarse que cada vez que se toleran tales pensamientos, ellos ayudan a congelar las corrientes del cuerpo de deseos y construyen una armadura o concha de acero en la cual se encontrará un día encerrado, apartado de todo amor, simpatía y ayuda ajena. Esto le sucederá por haberse complacido y acostumbrado a preocuparse y a tener temores. Por lo tanto debemos empeñarnos en mostrarnos siempre alegres, de buen humor, aún en condiciones adversas,
sino corremos el riesgo de encontrarnos en condición muy seria aquí y en el más allá.
Al comienzo de la Gran Guerra Mundial, Europa hervía de pasiones, pasiones de los que llamamos "vivientes" y, también, entre los muertos, cuando ellos se despertaban. El despertar llevaba mucho tiempo, a causa de los grandes proyectiles empleados (pero de eso hablaremos más adelante). La atmósfera de los países envueltos en la guerra estaba llena de corrientes de ira y de odio; como una nube carmesí obscura colgaba en torno de cada ser humano y sobre la tierra. También colgaban bandas obscuras y negras, el negro como se usa en los funerales, que siempre aparece en el momento de la crisis provocada por una desgracia súbita, cuando la razón no funciona y la desesperación agarra el corazón. La causa de esto reside en el hecho de que los pueblos implicados en la guerra, se daban cuenta que había ocurrido una gran catástrofe que ellos no podían bien comprender. Los cuerpos de deseos de la mayoría giraban a una gran velocidad en largas olas de pulsaciones rítmicas que decían más claramente que las palabras: "Mate, mate y mate".
Cuando dos o tres personas se encontraban o una muchedumbre se reunía y empezaban a discutir sobre la guerra, las pulsaciones rítmicas que demostraban la firme decisión de llevarla a cabo cesaban y los pensamientos y sentimientos tumultuosos generados por la discusión, tomaban la forma de conos que se proyectaban, creciendo rápidamente a la altura de seis a ocho pulgadas, para reventar luego, emitiendo lenguas de fuego. Varias de estas burbujas o conos volcánicos eran generadas a la vez por algunas personas, mientras en los otros se veía uno o dos. Cuando una burbuja se estrellaba en algún lugar, aparecía otra en alguna parte del cuerpo de deseos y así todo el tiempo, mientras duraba la discusión y eran esas llamas las que teñían de escarlata la nube que se extendía sobre la tierra. Cuando la muchedumbre se dispersaba o los amigos se separaban, las burbujas y las erupciones iban disminuyéndose hasta desaparecer, dando lugar nuevamente a las pulsaciones rítmicas mencionadas anteriormente.
Ahora ese estado de cosas (1916) se ve raramente; la ira que explotaba contra el enemigo es cosa del pasado para la mayoría. El color anaranjado básico del aura de las naciones occidentales es visible otra vez y tanto los oficiales como los soldados consideran la guerra como a una partida que se juega; cada uno quiere jugar mejor que el otro para ganar. Por lo tanto la guerra es ahora un medio para demostrar su habilidad, pero muchos de los hermanos legos de la Orden Rosacruz creen que el ambiente de odio y cólera volverá otra vez, si bien en otra forma, cuando cesen las hostilidades y empiecen las negociaciones de paz.
Esta forma de emociones podemos llamarla ira o cólera abstracta y difiere mucho de lo que se observa cuando dos personas se enojan una con la otra en la vida privada, trabándose o no en lucha física. Mirando el lado oculto de la Naturaleza, las hostilidades comienzan antes de que se den los primeros golpes. Puñales dentados formados por materia de deseos se arrojan uno al otro como lanzas, hasta que el furor que los generó se haya consumido. En la cólera patriótica no existen enemigos personales, por lo tanto las formas generadas por el cuerpo de deseos no son tan puntiagudas y explotan sin abandonar a la persona que las originó.
Los "hombres de acero", tan comunes en la vida privada, donde las preocupaciones por mil y una cosas que nunca ocurren, cristalizan una armadura alrededor de la persona, que permite al viejo Saturno afectarla, ahora brillan por su ausencia. El autor se inclina a opinar que la tensión en el ambiente que los rodeaba los obligó a alistarse en el ejército y el choque rompió la armadura y familiarizándose con el peligro, comenzaron a despreciarlo. Tales personas se han beneficiado mucho con la guerra, pues no hay nada peor para el crecimiento del alma que el estado de miedo y preocupaciones continuas.
También es un hecho notable, que aunque los hombres sufren terribles privaciones durante la contienda, la mayoría entre ellos cultivan un matiz de color celeste claro, que demuestra esperanza, optimismo y un principio de sentimientos religiosos, que da un toque de altruismo al carácter. Es una indicación de que el sentimiento universal de camaradería que no conoce distinciones de credo, de color o de patria está creciendo en el corazón humano.
La nube roja del odio está por desaparecer, el velo negro de la desesperación se levantó, no hay más erupciones volcánicas de pasión ni entre los muertos ni entre los vivos, pero de acuerdo a lo que el autor pudo leer respecto al futuro en el aura de las naciones, existe una firme decisión de jugar la partida hasta el fin. Aún en las casas donde la muerte arrebató a muchos miembros, se ve la mima voluntad. Se extraña muchísimo a los muertos, pero no existe odio para con el enemigo terreno.Este sentimiento es compartido por los amigos en el más allá y muchos desgarran el velo, pues la intensidad de su sentimiento, de su anhelo de ver a los que se han ido, está despertando en los "muertos" el poder de manifestarse, atrayéndose cierta cantidad de éter y de gas, que frecuentemente se toma del cuerpo vital de un amigo "sensitivo", igual como los Espíritus materializadores se sirven de un médium en trance.
Así, ojos cegados por lágrimas, son frecuentemente abiertos por un corazón afligido y ocurre que pueden ver, cara a cara, a seres queridos que se encuentran en los mundos invisibles. Tal es el método de la Naturaleza para cultivar el sexto sentido, sentido que permitirá eventualmente hacer saber al hombre que es un Espíritu inmortal y que la continuidad de la vida es un hecho en el cosmos.

del libro "El Cuerpo de Deseos", de Max Heindel

*